Causas que se adujeron para la compra del título de Villa

 

De «lugareños» a «villanos», abril de 1699.

 

 ¿Cuáles fueron las causas que indujeron a comprar el título de Villa a los jerteños del siglo XVII? Aquí puedes conocer algunas de esos motivos.

 

El título de villa, 1699.

El proceso de emancipación de los lugares de la Tierra de Plasencia, convirtiéndose en villas, y obteniendo su independencia de la ciudad a la que habían estado sometidos durante siglos, no es casual.

El motivo principal y primero es la precariedad de la tesorería del monarca, los endeudamientos, los gastos fastuosos y el mantenimiento de una estructura estatal (administración y ejército) costosa. Una manera fácil y rápida para ingresar un dinero extra fue la venta de impuestos e imposiciones que pertenecían al rey o que recientemente se le habían otorgado: alcabalas, tercias reales…

Podemos incluir aquí el intento de los sucesores de Pizarro para instaurar un señorío sobre las poblaciones de Jerte, Cabezuela, Casas del Millán… que quedó en nada, pero que tuvo efecto sobre las alcabalas y otros impuestos reales que pasaron a la casa del Infantado. O la conversión de Cabezuela en señorío bajo Plasencia, que propició la promoción de Cabezuela a villa.

Otra fue la adquisición de rangos superiores en las entidades urbanas: muchos lugares (aldeas) adquieren la distinción de villa por el procedimiento de “comprar” su villazgo. Tornavacas había adquirido el título de villa entre 1379 y 1389, de la mano de los de Oropesa. Como he dicho, Plasencia promovió el ascenso de su nuevo señorío de Cabezuela a mediados del siglo XVII. Vadillo no cuenta, en su sangrado progresivo frente a la vitalidad cabezueleña. Años después es Navaconcejo quien adquiere el título de villa en una clara reivindicación frente al poder placentino, que le rodea. Es de comprender esa misma necesidad por parte del concejo de Jerte, incorporándose más tardíamente al rango de villas en la cuenca del valle. En su caso, comprando e título a la corona.

Pero ¿a quién podría interesar conseguir esa independencia? ¿valía realmente la pena el desembolso que había que hacer? ¿quién pagaría los costes? ¿qué ventajas ofrecía la nueva situación?

Vamos a intentar responder sucintamente a estas preguntas desde la perspectiva de Jerte a finales del siglo XVII e inicios del XVIII.

Puede ser que le interesara a la mayoría de la población.

Las derramas no eran muy justas para la Tierra de Plasencia. Desde su Fuero la población de la ciudad disfrutaba de derechos que las aldeas no tenían.

La presencia sancionadora de los Justicias placentinos ronda intermitentemente por el Valle y Trasierra recogiendo las multas puestas a los vecinos.

El desplazamiento a la ciudad para resolver multitud de pequeñas cuestiones y juicios plantea la necesidad de que se puedan resolver algunos asuntos en el pueblo.

Además, el alejamiento del poder real de la justicia haría más engorroso y caro tratar cualquier asunto con los alcaldes y regidores de Plasencia. Las multas impuestas por éstos a los vecinos jerteños fueron una constante a lo largo de los siglos.

Tener que sancionar las ordenanzas, nombramientos… en más de una ocasión podría plantear problemas.

Sospechamos que las relaciones no siempre serían fluidas a pesar de los contactos necesarios y las relaciones familiares que hemos encontrado.

El auge económico de unas familias, muy emparentadas entre sí, lleva a crear en nuestro pueblo, allá por la segunda mitad del siglo XVII, un sentimiento de independencia de la ciudad matriz, ligado quizás, o en consonancia con toda esa corriente tardía de “señorío”.

Mientras que familias poderosas y/o enriquecidas con el comercio optan a convertirse en nuevos señores, comprando títulos a la corona; en núcleos poco importantes, rurales como Jerte, la oligarquía local ve en el villazgo una forma de emancipación. La manera de controlar los cargos concejiles y de ejercer un poder auténtico, tanto económico como político en su zona de influencia. Evitan así que los intereses de familias placentinas y de otras localidades se inmiscuyan en su parcela de poder.

No es fortuito una serie de testimonios que nos inducen a pensar en el interés especial de estas familias. Analicemos algunos de ellos.

En torno a 1650 las familias más notables: Beato, Montero, García de Cepeda, Muñoz Carrón, Gallego Zancudo… están emparentadas.

Sobresale la familia Beato por varios motivos, aunque está fuertemente emparentada con otras con mucho peso desde mucho tiempo.

Concentra en sí una buena parte de los cargos municipales, la escribanía del número (comprada a la corona a golpe de dinero[1]), notaría apostólica, Pedro Beato es Abogado de los Reales Consejos… Alguno de sus miembros mantiene cargos eclesiásticos en el municipio, coparticipando en el control de la parroquia, cofradías, propiedades de la iglesia… No es casual que los capellanes de María García la Andaluza fueran familiares suyos. Ni que el primer capellán de esa fundación fuera Rodrigo Beato, hijo del escribano. Este aumento de poder se manifiesta en la calidad de “destinos” de sus segundones metidos al estado eclesial: alguno llega a ejercer en iglesias de la ciudad de Ávila[2]; Otra, Dña. Catalina Beato[3] ingresa en el convento de las Encarnación de Plasencia, siendo este mismo convento el que “presta” el dinero para comprar el título de villa[4]. Pocos años más tarde en ese mismo convento se establece la Inquisición placentina.

[1] Hay una saga documentada de escribanos Beato en Jerte: Juan Beato (1660), Pedro Beato (1688) y Rodrigo Beato (1722) entre otros.

[2] Se trata de Dn Pedro Beato Iñigo, cura rector de la parroquial de Santiago de la ciudad de Ávila, que era el perceptor y poseedor en 1772, del Patronato Real de Legos que fundó su antepasado en el siglo XVII, el Licenciado Francisco Beato presbítero vecino de Jerte.

[3] Dña. Catalina Beato era la poseedora de dicho Patronato en 1703, siendo religiosa en el convento de la Encarnación de Plasencia.

[4] Hay una documentación muy interesante sobre un préstamo de este convento a un vecino de Jerte, Francisco Gallego y a su mujer Ana García, que de por sí solo es muy esclarecedor del procedimiento y los respaldos que hay que hipotecar, abonadores o avalistas incluidos, y por la cantidad de datos que aporta bien merecería una entrada en el blog. Para hacernos una mínima idea, además de todo el proceso ordinario (hipotecando propiedades por valor de tres o cuatro veces), se pide testigos que garanticen y afirmen el valor de esos bienes. Y para más agarrar el préstamo se pide al escribano que ponga en la escritura el valor real de TODOS los bienes y deudas, no sólo de los hipotecados, si no de los testigos, que se convierten así en “abonados”, algo así como avalistas. ¿Y dónde estaban registrados estos bienes? En poder del escribano existía un libro de Minutas y Pechería en donde periódicamente se consignaba los bines raíces (fincas e inmuebles) y las deudas que tenía cada propietario. (Estos datos ya se corresponden al siglo XVIII) Supongo que el préstamo a los vecinos de Jerte estaría amarrado de manera similar. Y los avalistas sólo podrían ser o el propio concejo con algún bien propio (Castañar Mayor) o particulares privados como se refleja en el Interrogatorio de 1753.

El punto álgido de poderío sucede al emparentar con una familia hidalga de Serradilla, que lleva a la hidalguía a su descendencia, encumbrándola respecto a otras familias jerteñas. Alguno de sus vástagos fue regidor de Plasencia.

Paralelamente, la familia Montero, cuida su parcela de poder que en muchos casos choca con la anterior. Buena parte del clero principal jerteño es de esta familia. Alcanza la Vicaría de Cabezuela a mediados del siglo XVIII. Y son los llamados a la capellanía de María de Heredia. Tiene una fuerte tradición familiar en los cargos públicos, tanto escribanías como de justicia, y de relaciones con los mandatarios placentinos.

Algo parecido ocurre con la familia García de Cepeda, o la Muñoz Carrón, que se emparentan con las anteriores.

El poder económico es parejo. Una buena muestra de ello se puede deducir del catastro de Ensenada en el año 1753, que en otro punto se analizará más adelante. La posesión de yuntas, molinos, rentas, oficios del concejo, cargos eclesiásticos, ganados, mayorales, criados… nos lleva a determinar la solvencia económica de estas familias.

El sistema utilizado para sufragar los gastos derivados del título adquirido era muy beneficioso para las familias anteriores. Recogemos aquí la transcripción de la vigesimosexta pregunta que nos lo aclara explícitamente:

“digeron que el comun y Justizia de esta villa no tiene otro Censo a que responder que uno redime que paga al Combento y religiosas de Nuestra Señora de la Encarnazion de la Ciudad de Plasencia orden de Santo Domingo y pr sus reditos anuales a razon de tres por ziento quinientos reales vellon el qual se impuso sobre haziendas de diferentes vezinos particulares ___

Y su capital se aplico a la compra de la Jurisdizion de esta villa para exsimirla de la citada Ciudad de Plasencia cuia aldea hera pero no precedio para esto facultad real ni despues se ha obtenido y sin embargo se halla en practica de tiempo inmemorial a esta parte repartir y cobrar del vezindario anualmente los dhos quinientos reales vellon y recoger rezivo de el espresado Combento el que lo da a favor de esta villa lo que no tiene por si hecha obligazion ni estan afectos a su pago ningunos”

Queda claro que haciendo una derrama entre el vecindario salían beneficiados aquellos que podían pagar sin dificultad, y que a la vez recibían cargos y prebendas del municipio. No parece que repercutiera positivamente entre los pequeños propietarios que representaban la mayoría, pero se suavizaría con el aumento del vecindario.

Una consecuencia indirecta del incremento de poder de algunas familias fue el rejuvenecimiento genético de la población. La demanda de empleados trajo a Jerte personas originarias de las zonas de contacto comercial y económico de éstos: Campo Arañuelo, el Toril, Serradilla… También la demanda de criados favoreció la presencia de inmigrados de zonas colindantes que posteriormente se quedaron a vivir. Otro colectivo fue el de los gallegos, que como se verá más adelante tuvieron su peso específico al incluir en su recorrido estacional nuestro valle.


 

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